Relatos porno - Relatos eroticos
Autor:   Anonimo Lecturas:: 12314 Calificacion
Fecha:   2003-11-11 Direccion del relato: http://www.porno-relatos.com/relatos.php?id=473

Relatos porno

Relato: Juegos infantiles

Hola, gracias por leer este relato tan especial para mí. Lo escribo devolviéndome en el tiempo unos 18 años hasta mi niñez, hasta mis dulces 8 años…. Los diálogos no son exactos porque no los recuerdo bien, lo cuento tal y como recuerdo que pasó.


Por esa época vivió con nosotros alrededor de un año, una de mis primas, hija de una de las hermanas de mi mamá. Ella fue más que una prima para mí, fue mi única amiga y también mi novia, desde los 8 hasta los 9 años y digo novia porque nunca nos acercamos genitalmente. Pero ella me dio mi primer beso…. Un día me dijo que quería enseñarme algo en la alcoba que compartíamos y al entrar cerró la puerta y me dio un pico, algo muy breve.


Después vinieron muchos más besos, más largos, a escondidas de mi mamá por supuesto. Éramos unas niñas y en el fondo sabíamos que lo que hacíamos no era correcto, pero se sentía delicioso frotar su boquita con la mía, sabía a galleta dulce con chispitas de chocolate. El armario de nuestra alcoba se convirtió en nuestro nidito de amor donde intercambiábamos saliva y donde poco a poco comenzamos a sentir lo que era el placer cuando descubrimos para que sirve la lengua en un beso. Ella me enseñó a besar.


Sin embargo de esa época lo que más recuerdo y más marcada me dejó fue mi relación incestuosa con mi hermano 1 año menor. Nunca hasta ahora he querido recordarlo, es más, lo habría borrado definitivamente de mi memoria ram de no haberme sentido motivada por los numerosos casos que se pueden leer en este tipo de páginas.


Mi casa era enorme, de tres pisos, con numerosas habitaciones y aún así después de la partida de mi prima compartimos con mi hermano la misma habitación. Mis papás trabajaban fuera todo el día, salían muy temprano y regresaban tarde quedando nosotros al cuidado de la abuela paterna. Mi abuela era muy viejita para estar todo el día detrás de un par de niños de 8 y 9 años que se le pasaban corriendo escaleras arriba y abajo todo el tiempo así que solía sentarse en la sala en el primer piso a tejer y de tanto en tanto nos preguntaba si estábamos bien levantando un poco la voz.


Mi hermano menor se convirtió en el centro de mi mundo pues éramos muy pequeños para salir solos así que no nos teníamos más que el uno al otro. Al llegar del colegio nos quitábamos toda la ropa para estar más ligeros y tomábamos un baño juntos para refrescarnos. Esos baños eran de lo mas inocente, nos frotábamos el cuerpecito uno al otro, jugábamos con el jabón y luego cada uno se vestía con ropa cómoda o a veces nos quedábamos en ropa interior para estar mas frescos y hacer las tareas.


Un buen día todo cambió. Una tercera persona irrumpió en nuestra burbuja de cristal donde todo era fraternidad e inocencia. Ocurrió un día que mi mamá me llevó de visita a casa de mi madrina mientras mi hermano se quedaba en casa con mi papá y unos amigos que habían ido a ver un partido de fútbol.


Al regresar en la noche ví a mi hermano Andrés muy raro. Dicho en palabras de hoy en sus ojos ya no veía el velo de la inocencia. Algo le había pasado, no sabía que era y el tampoco quería decírmelo. Por primera vez en nuestras cortas vidas mi hermano me ocultaba algo y al parecer algo grave. Traté de preguntarle pero me evitó a la hora de ir a la cama. Por lo general en las noches uno se pasaba a la cama del otro un rato a contarnos historias pero este día no fue así. El se acostó en su cama enrollándose en las cobijas y dándome la espalda. Yo me acosté extrañada y triste con su actitud y creo que hasta lloré pensando que había perdido a mi hermano, que ya no me quería.


Teníamos colegio al otro día y nos levantamos en silencio, nada nos dijimos hasta la hora de regresar a casa. Al llegar le insistí para que tomáramos un baño como siempre y aunque al principio se rehusó terminó cediendo. Ya en la ducha y desnudos me miraba diferente, con vergüenza, como Adán y Eva se miraron en el paraíso, como si me mirara por primera vez y estuviera descubriendo cosas que no existían.


Después del baño nos encerramos en la alcoba con llave, no quería que mi abuela nos molestara dado que lo que teníamos que hablar era muy importante. Aún envueltos en la toalla nos sentamos en mi cama y le tomé una mano entre las dos mías.


¿No me vas a decir que es lo que tienes? – le pregunté.

Está bien – me dijo – pero ¿prometes no decirle a nadie?

Lo prometo – le contesté.

Eso no es suficiente, tienes que jurarlo. Pon una mano en tu pecho y otra levantada jurando.

Esta bien lo juro – dije un poco impaciente ya y levantando mi mano.


En ese momento mi toalla se escurrió un poco hasta la cintura y quedó al aire mi pechito plano. El lo había visto muchas veces pero nunca lo había mirado como hasta ahora.


Anda, dime que te pasó – le pregunté de nuevo.

Ayer, vino nuestro primo Iván el que es 3 años mayor que yo.

Si, me despedí de el, se iba cuando llegábamos con mi mamá. ¿Qué hay con el? – le pregunté.

Es que… - me dijo titubeando.

Andrés, soy tu hermana, puedes decirme lo que sea.

Está bien…. Iván y yo después del primer tiempo del partido de fútbol nos vinimos para el cuarto a jugar con las motos y los jueguitos de mesa que tenemos pero minutos después me dijo que conocía un juego mas divertido pero que teníamos que quitarnos toda la ropa. Yo al principio me negué porque me daba algo de vergüenza pero terminé cediendo porque el me dijo que no pasaba nada.

Prosigue – le dije liberándome de la toalla húmeda y sentándome en posición de flor de loto en sus propias narices dejándole ver mi conchita de niña, libre de vello y completamente abierta. El continuó hablando sin separar su vista de la misma.

Mi primo y yo nos quitamos la ropa – siguió el – y a continuación me dijo que el juego consistía en que el me chupaba el pito y luego yo a el. Que de seguro me iba a gustar. Me resistí de nuevo pero cuando menos me di cuenta estaba de rodillas frente a mí con mi pito en su boca chupándolo como si fuera un caramelo.

No lo puedo creer – le dije asombrada a la vez que me acercaba mas a el.

Me chupaba muy rápidamente y se sentía rico, luego me chupó las bolas y yo me sentí muy raro, con un calor por todo el cuerpo y me temblaban las piernas. Fue como si tratara de arrancar y no pudiera.

¿Y que pasó después? – Le pregunté yo cada vez mas intrigada.

El se acostó en la cama y me dijo que me acercara, que nada malo iba a pasar, que ahora me tocaba el turno de probar su pito – me dijo casi a punto de llorar no se si de vergüenza o de emoción al recordar lo que había pasado el día anterior.

¿Y tú lo hiciste? – Le pregunté de nuevo.

A eso voy… me acerqué a el y me subí a la cama y con mucha vergüenza me metí su pito, un poco mas grande que el mío en la boca. Su sabor era salado y al comenzar a chupar se puso un poco mas duro. Luego me asusté, dejé de chupar y nos vestimos. Eso fue todo.

¿Te sientes mal por lo que hiciste Andrés? – Le dije.

No, la verdad es que me gustó, ¿será pecado lo que hicimos?

No lo creo Andrés – Le contesté desviando la mirada.


Nos quedamos en silencio un momento, un poco nerviosos por la situación. Nuestras rodillitas ya estaban juntas y con cada movimiento al hablar se rozaban.


Andrés…

Dime Marcela.

También tengo que contarte algo. Nuestra prima Adriana y yo éramos novias. Terminamos porque ella se fue de la casa – Le confesé mirándolo a los ojos.

Pensé que confiabas en mí y ¿hasta ahora me dices eso? – me dijo mi hermano un poco molesto.

Perdóname Andrés, Adriana me hizo jurar que nadie lo sabría. Además tenía miedo que te enojaras conmigo. ¿Me perdonas? – Le pregunté haciendo un gesto pícaro.


El lógicamente me dijo que si y nos acercamos para abrazarnos como siempre. Pero ese abrazo no fue como siempre dadas las confesiones que acabábamos de hacernos. Habíamos descubierto que podíamos sentir cosas agradables en el cuerpo si tocábamos los botones adecuados. Nos mirábamos diferente, a partir de ese momento no fuimos los mismos.


Marcela…

Dime Andrés.

¿Que te parece si hacemos tu y yo lo que hicimos con nuestros primos? No tendría nada de malo puesto que somos hermanos y nos tenemos confianza – me dijo tímidamente.

¿Y que tenemos que hacer exactamente? – le pregunté yo -. Tú sabes que yo hago lo que tú me pidas. Te quiero.

Yo también te quiero Marcela – me dijo y nos abrazamos de nuevo cada vez mas emocionados.

¿Qué quieres que haga? – volví a decirle.

Quiero que me chupes el pito y yo te chupo la vagina. En educación sexual me han enseñado pero nunca he visto una tan de cerca, quiero vértela bien y besarla.

Bueno, quítate la toalla para poder probar tu pito.


Se despojó de la toalla y se acostó apoyando su cabecita en la almohada. Yo me acerqué en cuatro patas ronroneando como una gatita y me incliné curiosa sobre su pito, nunca se lo había visto tan tieso. Lo metí en mi boca y lo saboreé, luego lo chupé como mi hermano había dicho que lo hizo Iván, como un caramelo. Miré a mi hermano a los ojos y su rostro estaba muy colorado aunque se veía que mis chupaditas le daban un enorme gusto.


Listo, ahora te toca sentir a ti – me dijo emocionado.


Me acosté en el lugar de el e instintivamente abrí mis piernas. El se acercó y comenzó a tocar con un dedito de arriba abajo mi raja. Luego aplicó sus labios a los inferiores míos y comenzó a besarme lentamente al principio y más rápido después a medida que le tomaba gusto al asunto. El tenía razón, se sentía algo muy rico, como un calorcito y una emoción que no había sentido de ninguna otra manera. Éramos muy pequeños para saber y sentir lo que era un orgasmo, apenas estábamos experimentando al inicio de la infinita senda del placer. Nos tumbamos uno al lado del otro y nos besamos en la boca. Yo le enseñé entonces el beso al estilo francés que me había enseñado mi prima.


En ese momento mi abuelita grito preguntando si estaba todo bien y yo le respondí diciéndole que si, que todo estaba mas que bien.

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