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  Autor: Anonimo
  Fecha: 2003-11-11
  Lecturas: 6522
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Relatos porno - Voyeur

 
   
 
Relato: Mi madre

Recientemente conocí este sitio de relatos y me fascinó; más allá de la veracidad o no de los relatos, los que he leído hasta ahora me parecen en general muy excitantes y creíbles. Por eso me atrevo a compartir con ustedes los sucesos que marcaron una parte muy importante de mi vida, hoy gracias a mi maduración y terapia creo convivir amistosamente con mis pequeñas perversiones.

Lo que voy relatarles es como descubrí la promiscuidad de mi madre y como me excitaba y aún me excita al punto de masturbarme al recordar, haberla espiado teniendo sexo ferozmente durante meses.

Hace veinticinco años yo era el típico adolescente de clase media, en el marco de la dictadura, el acceso al sexo era más que nada teórico, ya que no había llegada de pornografía de calidad, y la actitud general de la sociedad era bastante hipócrita con respecto al tema.

De hecho más allá de haber visto a mi hermana mayor y sus amigas en ropa interior, o a mi propia madre con algún camisón semitransparente en alguna ocasión, nunca había visto una mujer desnuda de carne y hueso, excepción hecha durante el verano de ese año en el cual luego de varios días de persecución disimulada pude espiar los pechos de nuestra empleada doméstica por la mirilla del baño, y la verdad no fue una experiencia de lo más edificante (la susodicha contaba para ese entonces más de cincuenta y no muy bien llevados años).

Como todo joven (niño) yo tenía un sinfín de actividades diarias fuera de casa, con lo cual llegaba por norma luego de las 19 hs, siendo habitualmente el primero de la familia en retornar, mi hermana y mi padre jamás volvían antes de las 20:00 ó 20:30 y la única que nunca tuvo horarios ni actividades programadas era mi madre. Alternaba sus días entre el control de las cuestiones de la casa y encuentros con sus amigas y cosas por el estilo.

Mi sospechas comenzaron una tarde en que retorné al piso unas tres horas antes de lo habitual por algún motivo que no recuerdo y al anunciar mi llegada con un grito, mi madre tardó un par de minutos en responderme, apareciendo al cabo en bata, y con un aire como de desconcierto y apuro poco común en ella. Instantes después apareció, desde el corredor que llevaba a los dormitorios y al baño un señor al cual mi madre dio las gracias tratándolo de doctor y al cual aseguro que llamaría en otra oportunidad. Me retire a mi cuarto pero una inquietud me tuvo en vela durante toda la noche, sería posible que mi madre hubiera estado en la cama con ese "doctor" no podía imaginar a mi madre cogiendo, me resultaba inadmisible.

Desde ese día mi suspicacia iba en aumento, comencé a espiar a mi madre con pasión detectivesca, así descubrí que con mi padre el sexo era aparentemente bueno pero insuficiente. Yo aparecía por el piso a cualquier hora sin previo aviso y sin estridencias, me escabullía hacia el dormitorio de mis padres con le intención de descubrirla in-fraganti. Lo único que descubrí durante casi dos semanas, fue la desnudez de mi mamá, el impacto fue tremendo era una mujer hermosa y deseable, de carne firme y tenía el pubis prolijamente depilado como un pequeño bigote, cada vez que la espiaba, tenía el impulso de masturbarme allí mismo, me acariciaba el miembro con fuerza mientras la veía cambiarse, o depilarse, o preparar su ducha.

Decidí cambiar mi estrategia, la seguiría cuando saliera a la calle para ver si se encontraba con su amante en algún otro lugar, tal vez movida por mis apariciones repentinas con excusas realmente poco creíbles.

Una de esas tardes la vi sostener una pequeña discusión con el portero de nuestro edificio, a la distancia no pude escuchar el tópico pero era claro que discutían agriamente, lo mismo sucedió durante dos días al salir y al entrar del edificio el portero la interceptaba y discutían en forma evidente pero contenida (para evitar un escandalete, supongo). Cuando entre al piso le comenté a mi madre que me pareció verla discutir con el portero, lo cual ella confirmó y con una evidente incomodidad, la atribuyo a cuestiones domésticas que esa misma tarde arreglaría con Don Carlos (el encargado).

Como al pasar mi madre me peguntó si yo tenía pensado salir más tarde, -como a las cuatro me voy al club – le contesté. Y precisamente a cinco para las cuatro la espíe en su dormitorio, se había vestido con una falda no muy corta pero amplia, unas sandalias y llevaba un suéter de hilo sin corpiño; sospeche al instante sus intenciones y pensando que ese sería mi día de suerte me despedí con un grito desde el pasillo y baje por las escaleras interiores hasta el rellano de la planta baja donde la escalera inicia el descenso hacia el sótano y la sala de máquinas. Esperé algo así como diez minutos y allí apareció ella, pero para mi sorpresa, no salió a la calle, se dirigió directamente a la vivienda de Don Carlos pasando a escasos dos metros de donde yo me ocultaba, me escurrí en la sombra de la escalera hasta que el encargado abrió y la puerta – pase, pase doña Teresa, veo que por fin entra en razones – comentó mientras cerraba.

No estaba seguro que pensar, pero me acerqué a la puerta, en el momento en que aún parados tras la puerta mi madre la decía - usted es un hijo de puta chantajista - a lo que respondió – pueder ser, pero usted es una puta y si yo hablara con su marido su vida se arruina, así que usted elige – esto fue seguido por otra parrafada de insultos de mi madre y una sonora carcajada de Don Carlos; estaba perplejo, no sabía que pensar, aplique un ojo a la cerradura y pude ver como se dirigían hacia dentro del departamento mi madre delante y Don Carlos detrás tomándola de las nalgas con una mano, como comprobando su consistencia.

De inmediato baje al sótano y lo crucé en silencio, ya que desde allí había una puerta a la parte trasera del piso del encargado que éste usaba para acceder a la sala de máquinas para su labor diaria. Tenté la suerte y me respondió, cuando estaba a punto de entrar en la casa del encargado oigo el ruido de unas llaves y voces, volví a bajar a los saltos y me escabullí debajo de la propia escalera. Por ella bajaban Don Carlos y mi madre, -...además por que descartarlo, tal vez después de todo disfrute usted de una buena cabalgata – mi madre lo seguía en silencio, por las oscuridad del sitio no podía sino distinguir las siluetas de ambos adentrándose en el sótano.

Los seguí prudentemente oculto y los vi detenerse detrás de un gran tablero eléctrico. Don Carlos se paró delante de mi madre metió su mano debajo de la falda, mi madre pareció estremecerse y con gesto despectivo le endilgo un "bruto" que pareció agradar al encargado, luego con cierto apuro se bajo los pantalones y los interiores y le dijo "anda putona, pronto que mi mujer está al caer" y entonces mi madre se arrodillo delante de él y comenzó una fellación frenética, ella respiraba entrecortado producto del mete y saca del miembro en su boca y él gemía rítmicamente; en cuestión de minutos todo acabó – límpiala bien muchacha – dijo y entonces ella lamió cuidadosamente su verga hasta dejarla brillante y para mi sorpresa nuevamente erecta.

Mi mente divagaba por mundos de fantasía, estaba viendo a mi madre, a mi mamá chuparle la pija al portero, ¡TRAGARSE SUS LECHES¡ como si tal cosa. Casi sin notarlo, yo mismo estaba tan excitado que eyaculé dentro de mis pantalones. Hablaban pero yo no podía entender nada, mi conciencia estaba obnubilada. No podía evitarlo, tenía que seguir mirando. Mi madre, se quito entonces toda su ropa, y Don Carlos sólo los pantalones, la obligo a flexionase para apoyar sus manos sobre unas cajas, y sin más la penetró con fuerza, siguió unos minutos gimiendo y riendo mientras mi madre que al principio solo se dejaba hacer comenzó a moverse al ritmo de su amante y segundos más tarde gemía y gritaba de placer. Don Carlos se salió de su vagina justo a tiempo para echarle su segundo polvo sobre la espalda.

No sé exactamente que pasó luego, mi estado emocional era caótico, mi madre se limpio la espalda y luego los muslos de sus propios jugos, con la bombacha, luego la tiro al suelo y dijo algo que no escuche, ambos salieron por la escalera por la cual yo había bajado. Estuve allí quieto durante algunos minutos y luego con cautela me acerque al lugar que ellos habían ocupado, recogí la bombacha húmeda de sexo y salí con mucho cuidado. Durante días me masturbe reproduciendo en mi mente la imagen de mi madre penetrada y humillada por el portero, sus pechos bamboleándose con el ritmo de la embestida, sus gemidos y sobre todo la forma en que él la llamaba "putona".

Debo decir que también tuve algunas fantasías de tipo homosexual, me preguntaba sobre laa suavidad de la verga del encargado, veía de reojo su erección cuando se cruzaba con mi madre, fantaseaba ser violado por Don Carlos en la forma que lo había sido mi madre, el olor de la bombacha renovaba cada día mi imaginación. Espié durante muchos meses a mi madre, y a sus amantes, pero ninguno parecía satisfacerla como Don Carlos.
 
     

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