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  Autor: Anonimo
  Fecha: 2003-11-11
  Lecturas: 4945
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Relatos porno - Maduras

 
   
 
Relato: La amiga de mis padres

Ya ha pasado el verano y con ello una historia excitante que todavía no me puedo creer que haya tenido lugar. Me presento, mi nombre es Darío y espero que os guste.

A mis 16 años aún era virgen, si bien ya había salido con chicas, pero la verdad es que la cosa no pasó a mayores, es decir besos, toqueteos y juegos juveniles, pero de penetrar, follar, coger o como se le llame, nada de nada, así que mi aparato tenía unas ganas locas por entrar en caliente.

Mis padres tienen como amigos a un matrimonio, Luis y Irene de su misma edad (cerca de los cuarenta), salen juntos y este año nos ofrecieron su chalet en la costa para pasar las vacaciones de verano, aceptaron gustosos. Yo en principio no quería ir, pero ante tanta insistencia, sobre todo de Irene, que si me lo iba a pasar bien, que si la playa, que si había chicas, total que al fin claudiqué.

He de decir antes que nada, que Irene es la típica mujer adulta que se la podría encasillar como "maciza", lo que en nuestro idioma quiere decir buenos muslos, culo y tetas y, por si fuera poco se suele vestir de forma provocativa, vamos que los hombres se fijan en ella y como no yo el primero. Alguna noche le he dedicado en mi intimidad unas pajas gloriosas, me pone la pija en tal estado que no me queda mas remedio que recurrir a mi mano para descargar. Me la imagino y digo imagino porque todavía no había visto con mis ojos, pues eso, que la veo desnuda y yo comiéndole y pellizcándole el culo, dándome un festín con sus pechos, y mil y una cosas más. Cuando vuelvo a la realidad mi mano está aguantando los 18 centímetros de pija que empieza a echar chorros de leche.

La casa era divina, con su jardín, piscina, habitación con billar y además cerca de la playa. El primer día después de desayunar me puse el bañador para refrescarme en la piscina y cuando estaba tomando el sol aparecieron mis padres y sus amigos. La imaginación se había quedado pequeña, vaya tetas que tenía Irene debajo de ese bikini, desayuno, almuerzo y cena, todo en uno, el culo era portentoso y el Monte de Venus hacía adivinar un bosque amazónico, solo que con pelos. No me quedó más remedio que tirarme el agua para bajar el empalme que me empezaba a aparecer. Irene se bañó después y al mojar sus dos montañas con el agua fría sus pezones se pusieron tiesos, vamos que ni dentro del agua se me quitaba la erección. Me salí del agua en dirección al baño, y tuve que masturbarme porque allí delante todos me daba vergüenza que notaran mi paquete todo erecto.

El morbo por ver a esta mujer desnuda fue creciendo así que ante ese sueño imposible decidí empezar a salir solo, no podía estar todo el día empalmado y haciéndome pajas.

Ellos salieron por la noche a cenar, yo me disculpé diciendo que quería leer. Los oí llegar ya tarde y subieron a la primera planta donde estaban las habitaciones. La mía estaba en medio de las otras dos, primero oí ruidos en la habitación de mis padres y por el tric, trac, tric, trac, supuse que estaban echando un polvo, así aprovechando que mis padres en este momento no saldrían, me acerqué a la puerta de mi exuberante Irene para satisfacer mi morbo. La puerta estaba entornada aunque había una pequeña rendija por la que se podía mirar lo que allí sucediese. Su marido se había acostado y Irene se estaba quitando el vestido que llevaba puesto, y se quedó en bragas y sujetador, mis ojos se abrieron al máximo, esperaba que se quitara estas prendas para por fin ver lo que llevaba tiempo deseando. Quiero decir que su ropa interior era bonita, blanca, de satén, el sujetador aprisionaba dos globos que pedían a gritos ser desabrochados, las bragas sin llegar a ser tangas lucían preciosas y su tacto suave incitaba a una caricia y hasta llegar, si cabe a arrancarlas con la boca. Por fin llevó sus manos a la espalda y se desabrochó el sujetador y parecieron dos tetas de campeonato. Vaya erección que me provocó, daban ganar de saltar de mi escondite y comer hasta saciarme.

Irene se acostó junto a su marido y con su mano derecha empezó a acariciarle desde el pecho hasta el slip, recreándose en las caricias de la parte inferior, ella con una voz suave parecía decirle que se animara y él permanecía quieto como una estatua. Siguió perseverando en su recorrido manual, hasta que se le oyó decirle que tenía sueño y se dio la vuelta. Yo en mi interior pensaba que de estar en su lugar ya me habría corrido 2 ó 3 veces. Pero sucedió algo que me sorprendió, lejos de dormirse Irene dirigió su mano derecha a la parte inferior de su vientre y siguió bajando hacia las bragas, lo hacía muy despacio como queriendo que no se enterara Luis que en ese momento estaba de espaldas a ella. Había la suficiente luz del exterior como para no perderme detalle. Ella seguía, bajando los dedos hasta la parte interna de los muslos, sus piernas se le fueron abriendo más y más. En ese momento yo también empecé a masturbarme sin perder detalle de sus movimientos que cada vez eran mas atrevidos, toda su mano subía y bajaba por encima de las braguitas. Por el ruido de la respiración de Luis parecía estar dormido, Irene le miró y acto seguido levantó su culo para bajar las bragas hasta dejarlas a la altura de los tobillos. Aquella imagen era demasiado, toda su concha en mi objetivo visual, un gran bosque peludo escondía su raja. Volvió a abrir sus piernas y retomó las caricias anteriores, solo que ahora sin tela por medio. Los dedos se escondían entre la mata de pelos, hasta que apartándolos los llevó hasta el clítoris trazando círculos con las yemas. Debía de estar poniéndose muy cachonda porque empezaba a elevar el culo y las caderas en un movimiento suave pero constante, como buscando que sus dedos fueran al centro de su volcán en erupción. Miré su cara y tenía los ojos cerrados y se mordía los labios, para evitar exteriorizar el placer. Dos de sus dedos encontraron el camino hacia el interior ya entraban y salían sin dificultad y fue acelerando sus movimientos, mientras que su otra mano también bajó para ayudar en lo que parecía ser un orgasmo, levantó las caderas y ahora sí emitió un gemido. En ese momento con una calentura infernal, volví deprisa a mi habitación y me hice una paja como nunca hasta que agotado me quedé dormido.

Cuando desperté por la mañana yo ya veía a Irene como una mujer insatisfecha y con ganas de ser cogida a tope. No sé por qué me parecía que Irene y su marido no se llevaban muy bien o quizás sí lo sabía, ese pedazo de hembra necesitaba urgentemente una sesión de sexo total y yo podía dárselo.

Decidieron ir a la playa pero yo no fui, alegué que prefería darme un baño en la piscina. Al poco de marcharse me dirigí al cuarto de baño y en el bidé estaban las bragas que llevaba puestas por la noche. Las cogí, tenían unos cuantos pelitos y una mancha en su parte inferior, instintivamente fui a oler, inspiré al máximo queriendo retener el dulce olor de su concha y en décimas de segundo mi pija se puso como una piedra y no hizo falta mucho masaje para que me derramara.

Así fueron pasando varios días entre calentones, baños y espionajes nocturnos con Irene como protagonista principal. Mis padres tenían que regresar a Madrid y sus amigos me ofrecieron quedarme algún tiempo más, lo que acepté encantado.

Un día en que fuimos los dos solos a la playa inicié una conversación para ver como respondía a mis insinuaciones.

Irene te quiero hacer una pregunta, pero me da un poco de vergüenza.

Vamos, dime, no tengas problemas conmigo.

Es, que, no sé … pero no le digas nada a mis padres.

Bien, dale, soy una tumba.

Te quería preguntar si masturbarse es malo, es que hay quién dice que puede crear impotencia.

Ay Darío, empiezas a hacerte un hombrecito, ehh., (me miró con sonrisa picarona), pues mira te contesto que yo creo que no, es algo natural, y de impotencia nada de nada. A veces tienes una necesidad y …. eso le das gusto a tu cuerpo

No sé como decir, pues que mi pene, se pone grande, pensando en ciertas cosas y yo en mi habitación, pues eso que me la toco, a ti no te molestará ¿verdad?.

No, cariño, no me molesta, hazlo cuando quieras, aunque eso de que se te pone grande ya lo había notado, ja ja. Y me parece que ahora, tú …. , bueno vamos a bañarnos.

Parece que la conversación había dado efecto, Irene se puso algo colorada, había que iniciar el plan "B".

Dentro del agua empezamos a jugar, que si hundir, bucear, mis manos sin querer (queriendo) tocaron uno de sus globos, no me dijo nada, qué gusto, pero buscaba provocar algo más, así que una de las veces simulando que la iba a tirar, se puso de espaldas a mi rozándome con su culo en toda mi herramienta, que ya estaba tiesa. Fueron unos segundos, pero quería que supiese en que estado me había puesto. Pero no pasó nada más.

Por la noche volví a espiarla y se pegó una paja antológica, con su marido al lado roncando. Yo creía haber tenido algo de culpa en su estado de excitación, mi plan comenzaba a dar efecto.

Al día siguiente un golpe de suerte, lo llamaron por teléfono a Luis que tenía que regresar a su trabajo, la persona que le suplía se había puesto en enfermo. Partió por la mañana y se ausentaría una semana más o menos.

Pasé la tarde dando vueltas a la cabeza para ver cómo hacía el asalto final y decidí que sería por la noche. Después de cenar, fui a la nevera y saqué una botella de champán para quitar inhibiciones, hablamos, nos reímos y llegó la hora de acostarse, dejé que pasaran cinco minutos y en dirigí a su dormitorio, sorpresa, la puerta al contrario que otros días no estaba entornada sino abierta de par en par, Irene encima de la cama con una combinación de raso negra que llegaba a medio muslo.

Pedí permiso para entrar y me tumbé a su lado en la cama.

Irene había pensado que en vez de masturbarnos los dos por separado podíamos hacerlo juntos en la misma cama.

Pero Dario ¿estás loco? Qué cosas tienes. Quién te ha dicho que yo me voy a masturbar.

Bueno Irene sé que está mal decirlo pero te he visto otras noches hacerlo y tú me dijiste que no era nada malo. ¿Es así?

Sí, pero... En ese momento de di un beso en los labios para silenciar sus protestas y me dijo - eres un chico muy travieso, bueno venga empieza tú, sácatela antes de que me arrepienta, pero de esto no le digas nada a nadie.

Dicho y hecho, me desnudé y saqué mi polla ante su mirada y comentarios de admiración por su tamaño, empecé a acariciármela le dije que hiciera lo mismo, que se desnudara y que lo tocara como los otros días. Se incorporó para subirse la combinación, se bajó las bragas y me dijo.

Mira, Dario, en lo de desnudarme te he hecho caso, pero de masturbarme nada de nada, nos hacemos pajas cuando no tenemos otra cosa mejor que echarnos encima y por lo que veo tienes una pija capaz de hacerme feliz, así que quita esa mano de ahí que te la voy a chupar y a terminar de hacerte un hombre, y tú, si te gusta lo que ves pues, sírvete lo que quieras.

No habló más, se tiró a mi pija con hambre de varias semanas o años, parecía el último deseo de un condenado a muerte, qué manera de chupar, me llevaba al cielo. Mis manos se fueron a sus tetas, eran enormes no podía abarcarlas en toda su extensión, fijé mi mirada en su concha y me acordé de su olor en las bragas, sólo que ahora lo tenía al natural, empecé a acariciar su pelambrera, los desplacé a ambos lados para tener acceso a su raja, introduje un dedo y noté que estaba mojado, empezó a gemir con mi pija en su boca y me tiré a comerle su almeja primero con los labios y luego con la lengua, movía el coño hacia delante y cada vez lo tenía más mojado por sus flujos, hasta que se incorporó, se tumbó boca arriba, abrió sus piernas y con las dos manos abriendo los labios de su chocho me dijo.

cógeme ahora, métemela toda, pero despacito que la tienes enorme, vamos fóllame que me tienes como una perra en celo.

Yo, como soy muy obediente, coloqué la polla en la entrada y una vez que la punta estaba en su sitio me agarré a sus hombros y se la metí toda de un tirón, ya no eran gemidos, sino gritos los que salían de su boca. Continué embistiendo un buen rato hasta que nos corrimos como locos.

Continuamos con nuestros sexos unidos besándonos, me confesó la tristeza de su vida sexual, que muchas veces le habían dado ganas de dejarlo todo, buscar un amante que la llenara, pero fue una cobarde. Yo seguía dentro de ella besándole el cuello y sus preciosas tetas hasta que se volvió a excitar. Mi miembro nunca dejó de estar duro, me pidió que me levantase y apoyó cabeza y manos en la almohada mientras que las rodillas abiertas hacían elevar todo el culo y coño para facilitar mi penetración. Pese a sus súplicas mi boca quería seguir chupando su centro de placer.

Vamos, ahhhh, qué gusto, me corro en tu boca, pero dame tu polla gorda y dura, métemela.

Yo tampoco podía esperar más y se la volví a clavar y ella no paraba de hablar, gemir y gritar, hasta que otra vez chorros de mi leche inundaron su vagina.



Durante esa semana follamos como animales en celo y nos pusimos a los día del hambre atrasada que teníamos. Quedamos en no romper nuestra relación y cuando puede escaparse volvemos a darnos sesiones de sexo 100%.
 
     

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